Kit de herramientas

Soluciones ecofeministas para la crisis climática

Introducción

Vivimos en una época en la que los efectos del cambio climático dejaron de ser una advertencia lejana. Ya están aquí. Con un calentamiento global que supera 1 °C, comunidades en todo el mundo están sufriendo climas más extremos, inseguridad alimentaria y desplazamiento1. Estos impactos, que se expanden como una onda por todos los sectores, desde la agricultura y la biodiversidad hasta el agua, la salud, la migración, la energía y la industria2, no se sienten por igual. Golpean más severamente a los marginados, agravando las desigualdades3 existentes. Por ejemplo, en muchos casos, las mujeres dependen más directamente de los recursos naturales que hoy se ven amenazados por el cambio climático, al tiempo que se enfrentan a barreras sociales, económicas y políticas que limitan su capacidad de respuesta4.

Aunque el cambio climático es ya nuestra realidad, promover la acción climática no es una tarea fácil. El panorama político actual está marcado por reacciones adversas, el auge de las ideologías de extrema derecha, la inestabilidad económica y los ataques a la acción colectiva. La comunicación y la incidencia por la acción climática pueden resultar abrumadoras, agotadoras y desalentadoras. Al mismo tiempo, hay más esperanza de la que cabría esperar. En todo el mundo, a la gente realmente le importa y quiere contribuir a resolver la crisis climática. Además, muchas personas, organizaciones y colectivos ya están realizando un trabajo valioso para impulsar la acción climática.

En el contexto de nuestro panorama político, hoy más que nunca es importante recurrir a los principios del ecofeminismo y defenderlos, centrándonos en la justicia y escuchando las voces más afectadas por la crisis climática. Este conjunto de herramientas da a conocer la comunicación ecofeminista y ofrece estrategias de incidencia en torno a desafíos claves que enfrenta el movimiento en la actualidad. Y lo hace tanto a través de la teoría como de actividades prácticas. Al trabajar con este kit de herramientas, desarrollarás una mayor comprensión sobre cómo involucrarte con perspectivas diversas, elaborar narrativas alternativas poderosas y contribuir a un movimiento por la justicia climática que sea un poco más inclusivo y transformador. 

En última instancia, el objetivo es traducir estas ideas en acciones concretas: dotar a los y las activistas de las herramientas necesarias para impulsar una agenda de justicia climática que sea inclusiva, feminista e interseccional. Con este propósito, el último capítulo presenta la Rueda del Cambio.

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01. Comunicación ecofeminista

Este capítulo explora la manera como el ecofeminismo da forma a la comunicación sobre la justicia climática y la enriquece. Mientras que la comunicación convencional sobre el cambio climático suele enfocarse en la ciencia, las emisiones de carbono o el cambio de comportamiento individual, la comunicación sobre la justicia climática pone la igualdad y la justicia en el corazón de cualquier intento por abordar el cambio climático, garantizando que las personas que menos contribuyen a la crisis climática pero más se ven afectadas por ella sean el centro de las soluciones (ver recuadro 1). El ecofeminismo ofrece una perspectiva poderosa para este trabajo. Va más allá, al insistir en que no podemos lograr una verdadera justicia sin abordar las causas culturales y estructurales más profundas, tanto de la desigualdad de género como de la destrucción del medio ambiente. El sistema heteropatriarcal y capitalista no puede coexistir con la igualdad de género ni con un planeta saludable. En otras palabras, la degradación medioambiental está entrelazada con los sistemas de opresión racial, económica y de género. El ecofeminismo aboga por una justicia climática que aborde estas causas fundamentales de forma conjunta (ver recuadro 2).

En este capítulo se presenta lo que significa poner en práctica la comunicación climática desde una perspectiva ecofeminista. Cuatro pilares fundamentales recogen los fundamentos del ecofeminismo:

- La interseccionalidad
- El cuestionamiento de las narrativas dominantes
- La amplificación de las voces marginadas y el fomento de la colaboración
- El diálogo.

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Justicia climática

La justicia climática pone de relieve los efectos desiguales del cambio climático, reconociendo que los menos responsables de él suelen soportar las mayores cargas. Las comunidades con bajos ingresos, los pueblos indígenas y las comunidades de color, especialmente en regiones con emisiones históricas mínimas, tienden a sufrir las consecuencias más duras, mientras que las regiones más ricas que más han contribuido a la industrialización experimentan menos riesgos inmediatos.

Esas desigualdades se manifiestan en múltiples niveles. A nivel mundial, los países de bajos ingresos están más expuestos a los fenómenos climáticos extremos. A nivel regional, las desigualdades existentes, tales como la precariedad económica, la responsabilidad de cuidar a otros y el acceso restringido a los recursos, hacen que las mujeres y los grupos marginados sean más vulnerables6.

En esencia, la justicia climática consiste en garantizar soluciones justas para la crisis climática. La acción climática no debería agravar las desigualdades existentes.

Una transición justa ofrece una vía para abordar este desequilibrio, guiando el cambio hacia una economía baja en carbono de una manera que beneficie a todos.

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Ecofeminismo

Para nosotros, el ecofeminismo significa utilizar un enfoque feminista interseccional a la hora de luchar contra las barreras estructurales que nos impiden disfrutar de un medio ambiente saludable. Significa adoptar un enfoque holístico y reconocer que la experiencia de cada persona está determinada por diferentes formas de privilegio o discriminación en función de su género, edad, raza, identidad sexual, educación, religión, capacidad o nivel socioeconómico. Por ejemplo, las mujeres y las personas mayores se enfrentan a riesgos más severos para la salud por el aumento de las temperaturas que los hombres jóvenes, y las comunidades indígenas que dependen de la agricultura para su alimentación y subsistencia corren un mayor riesgo de perder su principal fuente de sustento e ingresos7. Reconocer las diferencias pone de relieve cómo la vulnerabilidad está determinada por la intersección de las desigualdades sociales y estructurales.

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Un poco de historia

El ecofeminismo es un concepto que surgió durante el movimiento de la segunda ola feminista de la década de 1970, como una filosofía política y un movimiento que relaciona la opresión de las mujeres con la explotación de la naturaleza en una sociedad patriarcal. El ecofeminismo ha evolucionado mucho desde sus inicios, en gran parte gracias al trabajo de activistas de los movimientos Lesbianas, Gais, Bisexuales, Transgénero, Queer, Intersexuales, Asexuales y más (LGBTQIA+) y de Personas Negras, Indígenas y de Color (BIPoC por su acrónimo en inglés), quienes utilizan una concepción interseccional del ecofeminismo.

El término interseccionalidad fue acuñado originalmente por la activista Kimberlé Crenshaw, para explicar la doble opresión a la que se enfrentan las mujeres negras y poner de relieve su experiencia de vida en la intersección de las estructuras racistas y sexistas. Desde entonces, la interseccionalidad se ha ampliado en su concepto hasta llegar a destacar todas las opresiones múltiples que se producen al mismo tiempo, como el racismo, la discriminación por discapacidad, la homofobia y la injusticia medioambiental. Una justicia climática significativa requiere que se aborden de manera conjunta estas dinámicas interconectadas.

 

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Interseccionalidad

Ecofeminism takes an intersectional approach (ver recuadro 3), which takes different identities - such as those mentioned above - into account. These identities shape how individuals experience and respond to environmental challenges. For example, an older woman from the middle class living in Germany experiences the climate crisis differently than an Indigenous young woman living in Brazil.

La crisis climática agrava la desigualdad8 de género existente. Las mujeres, en toda su diversidad, se ven afectadas de manera desproporcionada por los efectos del cambio climático. Son más propensas que los hombres a sufrir violencia, perder sus medios de subsistencia o morir durante desastres naturales, y estos desastres están aumentando en frecuencia e intensidad debido al cambio climático. Las mujeres y los géneros marginados suelen tener menos acceso a la tierra, los ingresos y la educación. Las mujeres realizan la mayor parte del trabajo de cuidar de otros, un trabajo9 no remunerado e infravalorado. Cuando ocurren los desastres climáticos, quienes tienen menos recursos y menos influencia disponen de menos medios para adaptarse o recuperarse. Las soluciones para la mitigación del cambio climático suelen pasar por alto estas diferencias de género y, por lo tanto, refuerzan las desigualdades existentes.

Cuestionamiento de las narrativas dominantes

El ecofeminismo desafía las narrativas dominantes que determinan la forma como entendemos y damos respuesta a la crisis climática. Al reunir las críticas feministas y medioambientales en el mismo plano, se revela cómo la explotación de la naturaleza y la opresión de las mujeres tienen sus raíces en los mismos sistemas de poder: el patriarcado, el capitalismo y el colonialismo.

Los debates climáticos dominantes suelen ignorar o silenciar las voces que no encajan en las ideas estrechas de los expertos o de la autoridad. Por el contrario, se centran en las agendas corporativas, orientadas al mercado y a las élites. El ecofeminismo desafía esta realidad al negarse a aceptar medidas climáticas que reducen la crisis a objetivos de reducción de emisiones o a parches tecnológicos deslumbrantes. Las soluciones reales exigen derribar las economías extractivas y las estructuras de poder que dieron origen a esta crisis. Al exponer las causas primarias de la opresión y la explotación y enfrentarse a ellas, el ecofeminismo replantea la crisis climática como algo que trasciende la cuestión medioambiental, para convertirse en un llamado a transformar nuestros sistemas y la forma como nos relacionamos entre nosotros y con la Tierra.

Amplificación de las voces marginadas

La comunicación ecofeminista insiste en amplificar las voces marginadas. Para promover la justicia climática, es necesario centrarnos en las personas más afectadas por la crisis climática. Esto incluye a las mujeres en toda su diversidad, las comunidades indígenas, las comunidades racializadas y las personas que viven en la pobreza. Incluir estas voces garantiza que las políticas y acciones climáticas aborden las injusticias del mundo real en lugar de reforzarlas. Sus experiencias vividas y sus conocimientos ofrecen valiosas reflexiones y soluciones prácticas. Las perspectivas diversas amplían nuestra comprensión colectiva y conducen a una acción climática más eficaz, equitativa y sostenible.

Crear un espacio para estas voces no se trata simplemente de inclusión. Es necesario ir más allá de la participación simbólica y, en cambio, asignarles un espacio real. Esto significa crear entornos en los que las personas puedan participar de manera significativa y segura. Se trata de algo más que disponer asientos en la mesa: se trata de compartir el poder, escuchar activamente y respetar las diferentes formas de saber y de ser.

Fomento de la colaboración y el diálogo

El enfoque ecofeminista del cambio climático rechaza la idea de que podemos dominar la naturaleza o encontrar soluciones técnicas aisladas. Entiende que sanar el planeta debe ir de la mano de la tarea de sanar nuestras relaciones, entre nosotros y con la Tierra. En esencia, la comunicación ecofeminista se basa en la creencia de que el cambio significativo surge del esfuerzo colectivo, el cuidado mutuo y la escucha respetuosa.

“Si quieres ir rápido, ve solo. Si quieres llegar lejos, ve acompañado.”  

La colaboración es el núcleo de esta visión. El ecofeminismo desafía los modelos tecnocráticos descendentes de la política climática que ignoran las experiencias vividas por las comunidades de primera línea. En cambio, valora el conocimiento local, la toma de decisiones compartida y la inclusión de voces diversas. Trabajar juntos genera confianza, visibilidad y crea un espacio para el aprendizaje y la innovación. El diálogo da vida a esta colaboración. En lugar de promover soluciones predeterminadas, la acción ecofeminista abraza conversaciones abiertas y sostenidas que permiten el desacuerdo, el aprendizaje y la transformación. Comprender las necesidades, las historias y las visiones del mundo de los demás es esencial para crear estrategias climáticas que realmente funcionen para todos.

02. ¿Qué desafíos enfrenta un movimiento ecofeminista en su lucha contra el cambio climático?
Barreras sociales y económicas entrecruzadas

“El cambio climático es un problema, pero tengo problemas más graves”

Para muchas personas y comunidades, la urgencia de emprender acción contra el cambio climático entra en conflicto con las realidades apremiantes de la vida cotidiana. No se trata de negar que el cambio climático sea un problema, sino de aceptar que hay preocupaciones más personales e importantes que tienen prioridad. Cuando ves que tu alquiler se acaba de duplicar, que tu trabajo está en peligro o que está teniendo lugar una guerra cerca de tus fronteras, la crisis climática puede parecer abstracta, incluso irrelevante. Sin embargo, la realidad es que el cambio climático no existe en el vacío. Se entrecruza con las luchas económicas, la escasez de viviendas, la inflación, el acceso a la atención de salud e incluso con la inseguridad geopolítica.

Vulnerabilidad real basada en la industria

Para algunos, la situación es aún más compleja. Su propio sustento puede depender de industrias con altas emisiones. Pensemos en un minero del carbón en una población donde generaciones enteras han dependido de la minería, no solo como fuente de ingresos, sino como piedra angular de la identidad comunitaria. O pensemos en un agricultor que ya se enfrenta a un clima impredecible y a la inestabilidad del mercado. Cuando las políticas climáticas introducen nuevas regulaciones, como los límites en el uso del agua, los pesticidas o las emisiones de metano, esto no se percibe tanto como un camino hacia la sostenibilidad sino más bien como una amenaza para la supervivencia: solo otro obstáculo más, uno que amenaza tu capacidad para sobrevivir en tu ocupación u oficio.

Extremismo político y difusión de información errónea

En los últimos años, la acción climática se ha visto envuelta en retórica populista, narrativas politizadas y políticas conflictivas. Los movimientos populistas de derecha en todo el mundo han cuestionado el marco dominante del cambio climático como una crisis global colectiva basada en la ciencia.

Los políticos y defensores de la extrema derecha suelen restar importancia al conocimiento científico y negar la responsabilidad histórica del Norte Global en el origen y agravamiento de la crisis climática. Rechazan la idea de que sus países tengan obligaciones en la cooperación internacional sobre el clima y suelen presentar las políticas climáticas como medidas elitistas que perjudican a “la gente común”. Estas narrativas se propagan fácilmente cuando la gente siente que la política y la economía son injustas y que no contribuyen a solucionar sus problemas del día a día. Los líderes populistas aprovechan esta frustración posicionándose como defensores de la soberanía nacional y como “la voz del pueblo”. Las políticas climáticas, en particular las que requieren coordinación internacional o cambios en el estilo de vida, se presentan como amenazas a la identidad nacional, la independencia económica y la libertad personal.

Como resultado, el debate sobre el cambio climático se está convirtiendo cada vez más en parte de batallas ideológicas más amplias. En lugar de centrarse en la crisis climática en sí, los debates se convierten en guerras indirectas por inquietudes sociales más profundas: la desigualdad económica, la pérdida de control y la sensación de ser excluidos de la política.  

Ataque a la acción colectiva

En este mundo de crisis que compiten entre sí, la reacción contra la acción climática ya no se limita a la negación o la inacción. Se ha convertido en una estrategia deliberada para dividir y restar poder a las personas que buscan ayudar a resolver la crisis climática. En lugar de atacar directamente a la ciencia, quienes se oponen a la justicia climática ahora presentan las soluciones como amenazas para los medios de vida, la cultura y la libertad personal. Estas narrativas están diseñadas para enfrentar a las comunidades entre sí, haciendo que la justicia climática parezca una lucha, y no un objetivo común.

Seamos claros: quienes más se benefician del statu quo —las grandes fortunas, los líderes autoritarios y las corporaciones poderosas— saben exactamente lo que están haciendo. Entienden que cuando las personas se unen, tienen el poder para exigir un cambio sistémico. Y eso es una amenaza. Por eso, atacan primero: criminalizan las protestas, inundan los medios de comunicación con narrativas falsas, recortan la financiación y fomentan la división. Distraen, dividen y desmoralizan. Esta es la verdad: nuestra mayor fortaleza reside en la solidaridad. Por lo tanto, nos necesitamos unos a otros más que nunca. Una acción colectiva unida, decidida y organizada puede cambiar el rumbo de los acontecimientos. La historia demuestra que, cuando las personas superan estos obstáculos, los movimientos sociales pueden transformar las sociedades. El Partido Pantera Negra es un poderoso ejemplo de resistencia organizada e interseccional (ver recuadro 4).   

Resistencia colectiva

El Partido Pantera Negra (BPP por su acrónimo en inglés) se fundó en 1966, enfocado inicialmente en defenderse contra la brutalidad policial en las comunidades negras. Con el tiempo, se convirtió en un movimiento más amplio por los derechos civiles y anticapitalista. Comenzaron a abordar problemas sistémicos, profundamente ligados a la desigualdad racial y económica, como la pobreza, la educación, la atención de salud y la vivienda. A través de programas dirigidos por la comunidad, como desayunos gratuitos para los niños, clínicas de salud e iniciativas educativas, demostraron el poder de la resistencia colectiva organizada. Desafiaban a todo un sistema construido sobre el capitalismo racial, la desigualdad y la violencia estatal. “La clase trabajadora de todos los colores debe unirse contra la clase dominante explotadora y opresora. Permítanme insistir una vez más: creemos que nuestra lucha es una lucha de clases, no una lucha racial”. Su valiente postura contribuyó a conectar su lucha con otras luchas de clases a mayor escala en todo Estados Unidos. Y por ello, fueron objeto de una campaña implacable de desinformación, infiltración y violencia por parte del FBI y del Gobierno. ¿Por qué? Porque su forma de organizarse reveló una verdad peligrosa: cuando las personas se dan cuenta de que no están solas, se vuelven imparables.

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La misma lección se aplica hoy en día: la crisis climática, la desigualdad de género, la injusticia económica y las luchas de clases están interconectadas. Todas ellas provienen de los mismos sistemas fallidos. El ecofeminismo nos recuerda que una transición justa exige que haya solidaridad entre los movimientos. Para construir una acción colectiva, debemos crear soluciones climáticas visibles y arraigadas en la comunidad, que mejoren la vida cotidiana de las personas. Cuando la gente ve que el cambio beneficia a sus comunidades, la confianza crece. Y con la confianza llegan la esperanza, el optimismo y la voluntad de actuar juntos. Ser solidarios significa reconocer que aunque las experiencias vividas sean diferentes, nuestras luchas están vinculadas. Las famosas palabras del pastor Martin Niemöller, crítico abierto del régimen nazi, nos recuerdan los peligros del silencio: 

Primero vinieron por los socialistas, y guardé silencio
porque no era socialista.

Luego vinieron por los sindicalistas, y no hablé    
porque no era sindicalista.

Luego vinieron por los judíos, y no dije nada    
porque no era judío.

Luego vinieron por mí,
y para entonces ya no quedaba nadie que hablara en mi nombre.

Cuando se ignora la injusticia porque no afecta personalmente a alguien, esta acabará creciendo hasta que lo haga.  

Un enfoque ecofeminista del cambio climático rechaza la idea de que podamos dominar la naturaleza o encontrar soluciones técnicas aisladas. Entiende que la curación del planeta debe ir de la mano de la curación de nuestras relaciones, tanto entre nosotros como con la Tierra. En esencia, la comunicación ecofeminista se basa en la creencia de que el cambio significativo surge a través del esfuerzo colectivo, el cuidado mutuo y la escucha respetuosa.

La colaboración es el núcleo de esta visión. El ecofeminismo cuestiona los modelos tecnocráticos jerárquicos de la política climática que ignoran las experiencias vividas por las comunidades más afectadas. En su lugar, valora el conocimiento local, la toma de decisiones compartida y la inclusión de voces diversas. Trabajar juntos genera confianza, visibilidad y crea un espacio para el aprendizaje y la innovación. La colaboración es el núcleo de esta visión. El ecofeminismo cuestiona los modelos tecnocráticos jerárquicos de la política climática que ignoran las experiencias vividas por las comunidades más afectadas. En su lugar, valora el conocimiento local, la toma de decisiones compartida y la inclusión de voces diversas. Trabajar juntos genera confianza, visibilidad y crea un espacio para el aprendizaje y la innovación.

EXTINCTION REBELLION

Fundado en el Reino Unido en 2018, el movimiento Extinction Rebellion (XR) trajo una energía diferente: disruptiva, teatral y sin ambages en su urgencia. Utilizando tácticas como la desobediencia civil no violenta, las ocupaciones masivas y las detenciones simbólicas, XR pretendía alterar el statu quo y obligar a los gobiernos a afrontar la realidad de la emergencia climática. XR tiene la capacidad de plantear la crisis climática como un problema sistémico que se entrelaza con la clase social y la democracia. Su insistencia en la transparencia gubernamental, la verdad y la acción audaz ayudó a demostrar que la inacción climática no es solo un fracaso medioambiental, sino una crisis de justicia y poder. Llamar la atención sobre este desequilibrio de poder permite a su público vincular la crisis climática con el problema más amplio del capitalismo y los sistemas de poder obsoletos.10

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03. Enfoques ecofeministas: ¿cómo abordamos los desafíos a los que nos enfrentamos?
Actividad 1a.
“Ver más allá de nuestra propia perspectiva”

Muchas personas se enfrentan a presiones sociales y económicas apremiantes, como la vivienda, el trabajo y la atención de salud. Para quienes tienen bajos ingresos, las opciones respetuosas con el clima, como por ejemplo los paneles solares, pueden parecer inalcanzables. Cuando el género y la interseccionalidad entran a ser parte de la conversación, los debates sobre el clima pueden parecer elitistas o desconectados. En esta sesión, los participantes buscarán identificar los valores y temores que se esconden detrás de los comentarios relacionados con el clima.  

Actividad 1b.
“Pasar de las diferencias al diálogo”

Abordar el cambio climático es una oportunidad para hacer frente a las desigualdades sociales. Sistemas fundamentales para las soluciones climáticas, como el transporte, la vivienda y el acceso al agua potable, han desfavorecido durante mucho tiempo a ciertas comunidades. Hacer que estos sistemas sean resilientes frente al clima también puede hacerlos más justos, saludables e inclusivos, al tiempo que se genera empleo y se mejora la salud pública. El desafío consiste en ayudar a las personas a ver las soluciones climáticas como respuestas a sus problemas cotidianos. A través de juegos de rol, la actividad 1b ayuda a los participantes a practicar conversaciones de la vida real y a establecer conexiones.

Actividad 2a.
“Crear narrativas alternativas”

Para contrarrestar la creciente influencia de la extrema derecha, quienes defendemos la acción climática debemos evitar dejarnos desviar por sus acusaciones y tácticas. En lugar de eso, debemos centrarnos en narrativas sólidas que sitúen la acción climática en el núcleo de la justicia11 social y económica. Concentramos nuestra energía en el centro político indeciso. La idea de una transición justa en la que quienes concentran la mayor riqueza asuman la parte que les corresponde y nadie quede atrás, ya cuenta con un amplio respaldo. El desafío consiste en hacer que esa visión sea algo por lo que merezca la pena luchar. En la actividad 2a, damos la vuelta al guion y recuperamos el espacio narrativo a través de la narración de historias, mostrando cómo la justicia climática puede mejorar la vida cotidiana.

Actividad 2b.
“Construir un marco”

A partir de la actividad anterior sobre narrativas, la actividad 2b te ofrece técnicas específicas de encuadre para marcar la agenda. Aprenderás a reformular los mensajes sobre el clima, el medio ambiente o la justicia social para que conecten con públicos diversos, partiendo de valores compartidos y presentando soluciones concretas.

Actividad 3
“Tejer una red de solidaridad”

Al compartir aquello por lo que luchamos y la forma como se conectan nuestros problemas, hacemos visible nuestro poder colectivo. Nuestras luchas no pueden existir de forma aislada. A través de este ejercicio, reflexionamos sobre la importancia de la solidaridad, la interconexión y la construcción conjunta de movimientos fuertes.

04. ¿Cómo convertimos las tácticas de comunicación ecofeministas en acciones de incidencia en el mundo real?

En las secciones anteriores, hemos explorado y practicado tácticas de comunicación ecofeministas. Ahora surge la siguiente gran pregunta: ¿cómo convertimos estas ideas en acciones de incidencia en el mundo real? ¿Cómo pueden los principios ecofeministas dar forma a políticas y soluciones climáticas concretas? El punto de partida es claro: debemos involucrar a quienes tienen el poder de tomar decisiones y garantizar que las voces de los más afectados se incluyan realmente en el proceso. Este cambio no ocurre solo en los parlamentos o en las cumbres de las Naciones Unidas. Comienza con la forma como planteamos los problemas, construimos alianzas y hacemos oír nuestras voces. En esta sección se propone una hoja de ruta para aplicar los principios de la comunicación ecofeminista a las acciones de incidencia climática: la Rueda del Cambio12.

La Rueda del Cambio nos recuerda que el cambio es un viaje, un proceso con diferentes etapas, un conjunto de señales en el camino que nos van indicando la mejor manera de hacer algo para abordar los problemas que están causando daño a nuestras comunidades, nuestra sociedad y nuestro mundo. Estos son los pasos:

Utilizando los principios de la comunicación ecofeminista mencionados anteriormente, examinemos cada uno de los pasos para ver cómo pueden aplicarse al cambio que propone el ecofeminismo.

Paso 1.
Veo algo que no está bien

Ponemos en marcha la Rueda del Cambio detectando algo que no está bien y que necesitamos cambiar. Al hacerlo, adoptamos un enfoque interseccional: vemos que los beneficios y las cargas de la acción climática no se reparten de forma equitativa. Observamos las grietas en las que las desigualdades existentes pueden profundizarse si no se abordan. Ahí es donde identificamos algo que no está funcionando bien.

Veamos la pobreza energética, por ejemplo. La pobreza energética se refiere generalmente a la forma en que la eficiencia energética, los ingresos familiares y los precios de la energía interactúan e impiden que un hogar satisfaga sus necesidades energéticas13. Esto significa que no pueden mantener sus hogares calientes en invierno o frescos en verano14. Las mujeres se ven afectadas de manera desproporcionada por la pobreza energética15. Sus condiciones fisiológicas, de salud, económicas y sociales las exponen a ellas y a sus hogares a un mayor riesgo16. Con el cambio climático, que trae consigo olas de calor más frecuentes e inviernos más duros, las dificultades que supone la pobreza energética no harán más que intensificarse.

Una parte fundamental de la lucha contra la crisis climática es la transición a las energías renovables. Si bien esta transformación es esencial, también requiere un esfuerzo para proteger a los grupos sociales más vulnerables. Las políticas deben elaborarse de manera que no agraven la pobreza energética ni supongan una carga para quienes ya tienen dificultades. 

Paso 2.
Encuentro a otras personas que están de acuerdo en que algo no está bien

Recuerda: no estás sola. El cambio ecofeminista se fundamenta en la convicción de que una transformación significativa surge del esfuerzo colectivo y el cuidado mutuo. Este es un buen momento para remitirse nuevamente a la sección 2 sobre “el poder de la colaboración”. Busca a otras personas que también reconozcan que hay algo que no está bien. No es necesario que estén trabajando exactamente en el mismo tema que tú. De hecho, pueden producirse cambios poderosos cuando las organizaciones medioambientales unen sus fuerzas con, por ejemplo, las organizaciones que defienden los derechos de las mujeres. Cada uno aporta sus propias fortalezas, perspectivas y experiencia. Lo que le falta a una persona, otra puede aportarlo.  

Paso 3.
Compartimos nuestra visión del cambio

La colaboración ayuda a generar credibilidad y visibilidad y crea una oportunidad para el aprendizaje mutuo. A través del diálogo, la colaboración cobra vida. En lugar de promover soluciones predeterminadas, la acción ecofeminista abraza las conversaciones abiertas y sostenidas que permiten el desacuerdo, el aprendizaje y la transformación. Vuelve a la actividad 1a —“Ver más allá de nuestras propias perspectivas”— para abrir un espacio a puntos de vista diversos y dejar que estos inspiren tus acciones

Paso 4.
Investigamos y analizamos

La investigación es esencial para fundamentar la incidencia en pruebas, contexto y credibilidad. Pero es igual de importante utilizar una manera de ver interseccional, que reconozca cómo las identidades superpuestas, como el género, la raza, la clase social, la capacidad y el entorno, dan forma a las experiencias vividas. Sin investigación, se corre el riesgo de reforzar las narrativas dominantes.

Por ejemplo, un enfoque ecofeminista de la investigación sobre la pobreza energética iría más allá de los datos generales y analizaría cómo distintos grupos la experimentan de manera diferente. Estas capas revelan desigualdades que a menudo no se perciben cuando se trabaja únicamente con datos agregados o promedios generales. Las mujeres suelen asumir una mayor carga de trabajo de cuidados no remunerado, tienen menos acceso a empleos remunerados y enfrentan crecientes brechas17 salariales y de pensiones. Estos roles influyen en el uso de la energía: los hombres tienden a consumir más energía para desplazarse, mientras que las mujeres la utilizan más para el cuidado y las tareas domésticas18. Con menor autonomía financiera, las mujeres tienen menos posibilidades de invertir en mejoras de eficiencia energética para sus hogares. Cuando las políticas climáticas pasan por alto estas diferencias, corren el riesgo de dejar de lado formas más justas y eficaces de reducir las emisiones.

La investigación también debe dar forma a las soluciones que proponemos. Una perspectiva ecofeminista nos invita a preguntarnos: ¿cómo podemos remodelar la transición para que no se repitan las dinámicas de poder extractivas? Por ejemplo, “energía limpia para todos” suena bien, ¿verdad? Pero cuando miramos más allá de nuestras fronteras, vemos que la transición energética requiere enormes cantidades de materiales, muchos de los cuales se extraen del Sur Global. El proceso de extracción puede causar graves daños sociales y medioambientales: condiciones de trabajo inseguras, pérdida de biodiversidad, escasez de agua y desplazamiento de comunidades. Al mismo tiempo, muchas de estas regiones carecen de acceso a energía verde asequible. Por lo tanto, no se puede lograr una verdadera justicia sin reducir el consumo. 

Paso 5.
Trazamos un plan y pasamos a la acción

Empezamos a pensar en soluciones. ¿Qué queremos y cómo transmitimos ese mensaje? Las acciones pueden adoptar muchas formas. En este kit de herramientas, nos centramos en lograr el compromiso directo de los responsables de formular las políticas a diferentes niveles: local, nacional, de la UE y mundial.

Acción a nivel local
Una acción climática que genere impacto no tiene que esperar a los gobiernos nacionales. Las políticas locales innovadoras y los movimientos de base pueden dar forma a la justicia climática. Las medidas locales conectan los problemas directamente con el día a día de las personas. Esto ofrece muchas oportunidades para trabajar juntos y movilizar a quienes se ven afectados.

Para ilustrar la importancia de la acción a nivel local, hacemos referencia a cuatro ejemplos que informan e inspiran.

Acción a nivel nacional
El gobierno nacional establece los marcos legales, define los criterios para otorgar ayudas y determina cómo se distribuyen los recursos. La incidencia a nivel nacional trasciende los límites de tu comunidad y aborda las preocupaciones de todo el país. Construye el movimiento en torno a las prioridades nacionales, conectando las luchas locales con un debate político más amplio y fortaleciendo las voces colectivas.

Acción a nivel de la UE
El cambio climático no se detiene en las fronteras. La Unión Europea (UE) es un vínculo importante entre los Estados miembros y las negociaciones climáticas mundiales. La UE tiene más peso diplomático en las negociaciones climáticas mundiales que sus Estados miembros por separado, y tiene también tiene la posibilidad de equilibrar las diferencias entre ellos. Los países con mayores recursos pueden apoyar a aquellos con recursos más limitados. Para obtener más información sobre la acción a nivel de la UE, puedes consultar:

Acción a nivel mundial
El cambio climático traspasa las fronteras creadas por el ser humano. Ningún país o región puede resolverlo por sí solo y por eso la toma de decisiones sobre el cambio climático debe realizarse a nivel mundial. La acción global permite amplificar las voces de las comunidades y garantizar que la responsabilidad y los recursos se distribuyan de manera justa. Al conectar movimientos a través de las fronteras, la incidencia crea coaliciones que pueden cambiar las narrativas y generar un impulso mundial para un cambio sistémico.

Paso 6.
Reflexionamos sobre nuestro camino

El número creciente de crisis y la velocidad a la que se desarrollan pueden crear una sensación constante de urgencia19. El llamado a actuar de inmediato para frenar el cambio climático y salvaguardar un planeta habitable ejerce una enorme presión para que actuemos ahora. Sin embargo, también necesitamos tiempo para pensar. Al tomarnos el tiempo para reflexionar sobre lo que ha funcionado bien y lo que podría mejorarse, fortalecemos nuestras estrategias y hacemos que la incidencia futura sea más eficaz. La evaluación nos ayuda a rendir cuentas, nos permite adaptarnos a contextos cambiantes y garantiza que nuestros esfuerzos promuevan los principios ecofeministas. No tengas miedo de reconocer cambios no intencionados.

Si no reflexionamos, seguiremos reproduciendo en nuestras acciones20 las mismas lógicas que buscamos transformar.

Paso 7.
Narramos la historia del cambio

En un mundo lleno de desinformación y en el que se minimiza la importancia de los conocimientos científicos, contar historias es una herramienta poderosa para transmitir tu mensaje. No se trata solo de relatar lo que ha sucedido o publicar una foto de la acción en las redes sociales, sino de inspirar a la acción y garantizar que los resultados perduren más allá del momento21.

Los seres humanos comprendemos el mundo y nuestro papel en él a través de historias. Rara vez aceptamos las historias simplemente porque sean correctas en términos de los hechos, sino porque resuenan con nuestros valores, reflejan nuestra experiencia de vida o despiertan nuestra imaginación22.


Para ver ejemplos de historias y obtener más información sobre el proyecto Funding Fairer Futures (Financiando futuros más justos), te invitamos a visitar

https://www.wecf.org/funding-fairer-futures/


This toolkit was co-funded by the European Union. Its contents are the sole responsibility of Women Engage for a Common Future and do not necessarily reflect the views of the European Union.