






En el contexto de nuestro panorama político, hoy más que nunca es importante recurrir a los principios del ecofeminismo y defenderlos, centrándonos en la justicia y escuchando las voces más afectadas por la crisis climática. Este conjunto de herramientas da a conocer la comunicación ecofeminista y ofrece estrategias de incidencia en torno a desafíos claves que enfrenta el movimiento en la actualidad. Y lo hace tanto a través de la teoría como de actividades prácticas. Al trabajar con este kit de herramientas, desarrollarás una mayor comprensión sobre cómo involucrarte con perspectivas diversas, elaborar narrativas alternativas poderosas y contribuir a un movimiento por la justicia climática que sea un poco más inclusivo y transformador.
En última instancia, el objetivo es traducir estas ideas en acciones concretas: dotar a los y las activistas de las herramientas necesarias para impulsar una agenda de justicia climática que sea inclusiva, feminista e interseccional. Con este propósito, el último capítulo presenta la Rueda del Cambio.
Justicia climática
La justicia climática pone de relieve los efectos desiguales del cambio climático, reconociendo que los menos responsables de él suelen soportar las mayores cargas. Las comunidades con bajos ingresos, los pueblos indígenas y las comunidades de color, especialmente en regiones con emisiones históricas mínimas, tienden a sufrir las consecuencias más duras, mientras que las regiones más ricas que más han contribuido a la industrialización experimentan menos riesgos inmediatos.
Esas desigualdades se manifiestan en múltiples niveles. A nivel mundial, los países de bajos ingresos están más expuestos a los fenómenos climáticos extremos. A nivel regional, las desigualdades existentes, tales como la precariedad económica, la responsabilidad de cuidar a otros y el acceso restringido a los recursos, hacen que las mujeres y los grupos marginados sean más vulnerables6.
En esencia, la justicia climática consiste en garantizar soluciones justas para la crisis climática. La acción climática no debería agravar las desigualdades existentes.
Una transición justa ofrece una vía para abordar este desequilibrio, guiando el cambio hacia una economía baja en carbono de una manera que beneficie a todos.
Ecofeminismo
Para nosotros, el ecofeminismo significa utilizar un enfoque feminista interseccional a la hora de luchar contra las barreras estructurales que nos impiden disfrutar de un medio ambiente saludable. Significa adoptar un enfoque holístico y reconocer que la experiencia de cada persona está determinada por diferentes formas de privilegio o discriminación en función de su género, edad, raza, identidad sexual, educación, religión, capacidad o nivel socioeconómico. Por ejemplo, las mujeres y las personas mayores se enfrentan a riesgos más severos para la salud por el aumento de las temperaturas que los hombres jóvenes, y las comunidades indígenas que dependen de la agricultura para su alimentación y subsistencia corren un mayor riesgo de perder su principal fuente de sustento e ingresos7. Reconocer las diferencias pone de relieve cómo la vulnerabilidad está determinada por la intersección de las desigualdades sociales y estructurales.
Un poco de historia
El ecofeminismo es un concepto que surgió durante el movimiento de la segunda ola feminista de la década de 1970, como una filosofía política y un movimiento que relaciona la opresión de las mujeres con la explotación de la naturaleza en una sociedad patriarcal. El ecofeminismo ha evolucionado mucho desde sus inicios, en gran parte gracias al trabajo de activistas de los movimientos Lesbianas, Gais, Bisexuales, Transgénero, Queer, Intersexuales, Asexuales y más (LGBTQIA+) y de Personas Negras, Indígenas y de Color (BIPoC por su acrónimo en inglés), quienes utilizan una concepción interseccional del ecofeminismo.
El término interseccionalidad fue acuñado originalmente por la activista Kimberlé Crenshaw, para explicar la doble opresión a la que se enfrentan las mujeres negras y poner de relieve su experiencia de vida en la intersección de las estructuras racistas y sexistas. Desde entonces, la interseccionalidad se ha ampliado en su concepto hasta llegar a destacar todas las opresiones múltiples que se producen al mismo tiempo, como el racismo, la discriminación por discapacidad, la homofobia y la injusticia medioambiental. Una justicia climática significativa requiere que se aborden de manera conjunta estas dinámicas interconectadas.



Resistencia colectiva
El Partido Pantera Negra (BPP por su acrónimo en inglés) se fundó en 1966, enfocado inicialmente en defenderse contra la brutalidad policial en las comunidades negras. Con el tiempo, se convirtió en un movimiento más amplio por los derechos civiles y anticapitalista. Comenzaron a abordar problemas sistémicos, profundamente ligados a la desigualdad racial y económica, como la pobreza, la educación, la atención de salud y la vivienda. A través de programas dirigidos por la comunidad, como desayunos gratuitos para los niños, clínicas de salud e iniciativas educativas, demostraron el poder de la resistencia colectiva organizada. Desafiaban a todo un sistema construido sobre el capitalismo racial, la desigualdad y la violencia estatal. “La clase trabajadora de todos los colores debe unirse contra la clase dominante explotadora y opresora. Permítanme insistir una vez más: creemos que nuestra lucha es una lucha de clases, no una lucha racial”. Su valiente postura contribuyó a conectar su lucha con otras luchas de clases a mayor escala en todo Estados Unidos. Y por ello, fueron objeto de una campaña implacable de desinformación, infiltración y violencia por parte del FBI y del Gobierno. ¿Por qué? Porque su forma de organizarse reveló una verdad peligrosa: cuando las personas se dan cuenta de que no están solas, se vuelven imparables.

EXTINCTION REBELLION
Fundado en el Reino Unido en 2018, el movimiento Extinction Rebellion (XR) trajo una energía diferente: disruptiva, teatral y sin ambages en su urgencia. Utilizando tácticas como la desobediencia civil no violenta, las ocupaciones masivas y las detenciones simbólicas, XR pretendía alterar el statu quo y obligar a los gobiernos a afrontar la realidad de la emergencia climática. XR tiene la capacidad de plantear la crisis climática como un problema sistémico que se entrelaza con la clase social y la democracia. Su insistencia en la transparencia gubernamental, la verdad y la acción audaz ayudó a demostrar que la inacción climática no es solo un fracaso medioambiental, sino una crisis de justicia y poder. Llamar la atención sobre este desequilibrio de poder permite a su público vincular la crisis climática con el problema más amplio del capitalismo y los sistemas de poder obsoletos.10





